El Complejo de Edipo, también denominado conflicto edípico, se refiere al agregado complejo de emociones y sentimientos infantiles caracterizados por la presencia simultánea -y ambivalente- de deseos amorosos y hostiles hacia los padres. Se trata de un concepto central de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, expuesta por primera vez dentro de los marcos de su primera tópica.

El término “complejo” (del latín complectere: abrazar, abarcar; participio perfecto: complegue), es un término que indica un conjunto que totaliza, engloba o abarca una serie de partes individuales (hechos, ideas, fenómenos u procesos), y en ocasiones se utiliza en forma general dentro de la psicología para indicar la integración de vivencias o experiencias individuales en una experiencia de conjunto o totalizador.

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La primera vez que el complejo de Edipo aparece mencionado en la obra freudiana es en 1910, aunque existen razones para suponer que cuando Freud se refiere en 1908 a los “conflictos nucleares” (Kernkonflikte) que ya estarían aludiendo a la conflictiva edípica.

En términos generales, Freud define el complejo de Edipo como el deseo inconsciente de mantener una relación (incestuosa) con el progenitor del sexo opuesto y eliminar al padre del mismo sexo (parricidio).

Entonces, el complejo de Edipo es:

La “representación inconsciente a través de la que se expresa el deseo sexual o amoroso del niño.

Freud describe dos constelaciones distintas en las que se puede presentar el conflicto edípico:

  1. Complejo de Edipo positivo: con un odio o rivalidad hacia el progenitor del mismo sexo y atracción sexual hacia el progenitor del sexo opuesto,
  2. Complejo de Edipo negativo: amor hacia el progenitor del mismo sexo, así como rivalidad y rechazo hacia el progenitor del sexo opuesto.

 

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Ahora bien, la teoría de Freud distingue en el desarrollo psicosexual de los niños tres etapas principales:

  1. Oral,
  2. Anal y,
  3. La fálica.

Por tanto, el período de manifestación del complejo de Edipo coincide con la llamada fase fálica (pregenital), del desarrollo de la libido; es decir aproximadamente entre los 3 y los 6 años de edad, mientras que se acaba con la entrada en el período de latencia.

De acuerdo con la teoría freudiana, el complejo se revive en la pubertad y esta reaparición declinaría a su vez con la elección de objeto, que abre paso hacia la sexualidad adulta.

Por lo anterior, el complejo de Edipo es considerado la piedra angular de la teoría de Freud, cuyo concepto es clave para el psicoanálisis, y sus derivados actuales, tanto como fundamento de la teoría, como construcción explicativa en la clínica:

A saber:

  • En la teoría, porque constituye el eje central de la teoría pulsional y de la metapsicología con la que Freud explica el funcionamiento psíquico y la estructuración de la personalidad;
  • Para la clínica, debido a que del desarrollo, evolución y forma de resolución de la conflictiva edípica, se derivará la estructura y la forma en que se presentarán los síntomas en las distintas modalidades patológicas.

Por eso el complejo de Edipo es una idea tan central para el psicoanálisis como lo es la universalidad de la prohibición del incesto y constituye un correlato del complejo de castración.

Historia del complejo de Edipo

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El concepto desarrollado por Freud, se inspiró en el mito de Edipo de la mitología griega clásica, más precisamente, en la versión que entrega Sófocles en la tragedia Edipo Rey:

“Edipo es el hijo de Layo y Yocasta. Layo, para evitar que se cumpla el horrible destino que el oráculo le ha anunciado (que va a ser asesinado por su propio hijo), entrega a Edipo recién nacido a un sirviente para que lo abandone en un cerro de Citerón. Desobedeciendo al rey, el sirviente lo entrega a un pastor, quien lo acoge y finalmente lo entrega al rey de Corinto, Pólibo y su esposa Mérope, quienes lo adoptan, le dan un nombre (Edipo significa «pies hinchados») y lo crían cual si fuera su propio hijo. Sin embargo el joven Edipo, al escuchar rumores acerca de que el rey y la reina no son sus padres, consulta al oráculo de Delfos, quien le revela que su destino será dar muerte a su propio padre y que se casará con su madre. Edipo, creyendo que sus padres eran quienes lo habían criado, decide no regresar nunca a Corinto para huir de su destino. Emprende un viaje y, en el camino hacia Tebas, Edipo se encuentra con Layo, que viajaba a Delfos, en una encrucijada. El heraldo de Layo, Polifontes exigió a Edipo que le cediera el paso pero ante la demora de éste, mata a uno de sus caballos. Edipo se encoleriza y mata a Polifontes y a Layo sin saber que era el rey de Tebas, y su propio padre. Es así entonces que Edipo asesina a Layo y se casa con Yocasta para más tarde descubrir la desastrosa verdad de que son sus padres. Cuando Yocasta descubre que Edipo es su hijo se suicida. Edipo, incapaz de soportar el horror que el parricidio y el incesto le provocan, se saca los ojos y en total humillación, abandona la ciudad para vagar como un pordiosero por toda Grecia, atendido por su hija Antígona.”

En la teoría freudiana el complejo de Edipo es un fenómeno que aparece en el desarrollo de todos los seres humanos, tanto en el sexo masculino como en el femenino. Esto no significa, sin embargo, que tenga igual evolución en ambos sexos: para Freud el complejo de Edipo femenino no es simétrico al del niño. Se trata entonces de un fenómeno universal, que ocurre con independencia de factores como la educación, la pertenencia étnica o la cultura.

Freud desarrolla esta idea en su obra “Tótem y tabú sirviéndose de una metáfora, con suerte de “mito científico” propio, para argumentar la universalidad del complejo de Edipo. Así, plantea el escenario en que podría haberse instaurado el tabú del incesto e inaugurado la cultura:

“En una época indeterminada de las hordas primitivas, los hombres vivían en pequeñas agrupaciones dominadas por un macho poderoso y tiránico (el padre) que tenía el privilegio de poseer a las hembras. Un día los machos jóvenes de la horda primitiva deciden rebelarse contra el padre, lo asesinan y se comen su cadáver. La cena totémica habría involucrado además una dimensión simbólica muy importante: no sólo se habrían comido el cuerpo, sino que principalmente también sus atributos espirituales, lo que da por resultado una identificación con el padre. El arrepentimiento y los sentimientos de culpa que surgieron tras el asesinato los llevaron a instaurar un nuevo orden social basado en la exogamia, es decir, en la prohibición (o tabú) de poseer a las mujeres del clan, al tiempo que instauraron el totemismo (tabulación de dar muerte al tótem (figura que sustituye simbólicamente al padre).”

El padre asesinado, sin embargo, tendría más poder y autoridad que el padre vivo, puesto que la obediencia retroactiva que se le presta se basa en el sentimiento de culpa. Las prohibiciones del totemismo (el incesto y matar al tótem) representan entonces los dos deseos inconscientes centrales del conflicto edípico, donde el complejo de Edipo es la condición central del totemismo; por lo tanto, universal y fundante de la cultura en cualquier sociedad de seres humanos.

Implicaciones del complejo de Edipo

“La conflictiva edípica debe ser cancelada (no necesariamente por el mecanismo psíquico de la represión) para posibilitar el desarrollo de la sexualidad del niño”.

En el inconsciente se pone en funcionamiento el llamado complejo de castración, que aporta al niño una respuesta rudimentaria al enigma que le plantea la diferencia anatómica de los dos sexos (posesión o privación del falo), que el niño atribuye al cercenamiento del pene en la niña.

Así, el niño teme el cercenamiento del pene como castigo por sus deseos incestuosos y actividades sexuales, lo cual le provocará angustia de castración. Por su parte, en la niña, la ausencia de pene es percibida como un daño que, según el psicoanálisis, ella misma intentará negar, compensar o reparar durante su desarrollo.

Cabe rescatar que mientras el complejo de castración posibilita la salida del complejo de Edipo en el niño (el niño descubre que la madre está castrada y depone sus deseos incestuosos por temor a la castración), en el caso de la niña representará la entrada al complejo de Edipo, es decir la niña se dirigirá hacia el padre en busca del falo faltante en la madre.

Asimismo, el interés del niño por los genitales desaparecerá, como se señaló en un inicio, durante el período de latencia, reapareciendo posteriormente, en la pubertad. De igual forma, Cuando ve la falta en una niña, advierte la posibilidad de la castración pero la amenaza adquiere su efecto con posterioridad (nachträglich, en el original en alemán).

Solución del conflicto

Ahora bien, la salida del complejo, devendrá a partir de la sustitución de la investidura del objeto por una identificación; a saber, se introyecta a la autoridad del padre y se forma el núcleo del Superyó, que severamente prohíbe el incesto y el retorno de las investiduras de objeto.

Así, las aspiraciones libidinales son desexualizadas y sublimadas por una parte, e inhibidas en sus metas y mudadas en mociones tiernas, por otra parte, con lo cual se da inicio al periodo de latencia. En rigor, el complejo de Edipo no es objeto de la represión, sino que más bien opera una cancelación y destrucción del complejo.

En el caso de las niñas, se percibe inicialmente que el clítoris puede ser un pene pequeño, que ya crecerá, pero al advertir que las mujeres adultas no poseen pene, intuye que ha sido castrada.

En este caso, el Superyó se instituye como resultado de la educación y el amedrentamiento externo. La niña se acerca al padre en busca de lo que la madre no tiene, por lo cual, simbólicamente el falo pasa, del pene, al hijo, y su complejo culmina en el deseo de recibir de regalo un hijo de su padre, el cual permanece en lo inconsciente, y constituye la base para su futura función sexual.

En la generalidad de los casos, el niño trata, en su deseo de superarlo, de parecerse a su rival. Acabando entonces por identificarse con él, en una especie de solidaria convivencia, en la que el padre se vuelve un modelo para el niño, misma situación que ocurrirá, aunque no de manera simétrica, entre la niña y su madre.

Crítica y recepción

A pesar de que la mayor parte de los psicoanalistas freudianos no aceptan la denominación jungiana del “complejo de Electra”, todos coinciden en la importancia de diferenciar estos procesos en el niño y en la niña, ya que por sus distintos rasgos y posesiones deben ser tratados de forma distinta entre uno y otra.

En Jacques Lacan, psicoanalista francés, cuyo estudio de las obras de Freud son significativas a nivel mundial, se hace una relectura diferente del concepto freudiano y lo reconstruye en varios aspectos esenciales.

Así, Lacan destaca que Freud se basó en un mito, es decir no en un hecho, sino en una ficción, en algo que ocurre no en la esfera de lo real, sino en el ámbito de lo simbólico, es decir, en algo que sucede en el lenguaje.

Para Lacan el padre que juega un papel en el complejo de Edipo no es un padre real sino que es una función: la función paterna, un lugar en la estructura que puede ser ocupado por otros representantes, no necesariamente el padre real. Lo que entonces resulta relevante para Lacan es la ficción de una instancia que representa la ley (es decir la prohibición del incesto).

Lacan denomina a esta instancia el Gran Otro y puede estar asumida por diversas figuras de la autoridad (jueces, policías, maestros, profesores, clérigos, etc.). Es este momento, el de la subordinación del niño a esta instancia, lo que permite su entrada en el orden de lo simbólico, es decir del lenguaje, del discurso del mundo social y de sus normas.

Por lo que la salida, para Lacan, del complejo de Edipo es entonces la renuncia a la madre y el comienzo de los intentos de llenar ese lugar estructural de la falta con otros “objeto causa del deseo” (también denominado “pequeño otro”, “petit a” u “objeto a).

De igual forma, Melanie Klein recogerá algunos aspectos de la descripción freudiana del concepto, pero sitúa el Edipo en el primer año de vida del niño, postulando además que la fase tiene un transcurso similar en ambos sexos.

Para Melanie Klein, la relación con el pecho materno sería el factor fundamental que rige todo el desarrollo psicosexual del niño. Así, serían las relaciones de satisfacción y frustración experimentadas con este primer objeto las que permiten orientar el deseo hacia nuevos objetos; y por tanto, en su teoría, primeramente hacia el pene del padre.

No obstante, la frustración inevitable que representa este objeto haría que el lactante regresara al objeto primario, y de este modo, el pecho y el pene constituyen los primeros objetos de deseo oral del lactante.

Los seres humanos entonces contarían, de acuerdo con su teoría, con un saber congénito acerca de la existencia del pene y la vagina, mientras que el Edipo se configuraría porque el lactante desea una satisfacción constante, por lo que al no obtenerla, aparecería la frustración y la agresión.

Ocurre entonces una idealización del pecho bueno (la madre buena) y una dirección de la agresión hacia el pecho malo, que se transformará en el prototipo de todas las relaciones objetales frustrantes posteriores.


Dr. Carlos Bonilla Cortés

El Doctor Carlos Bonilla Cortés es Psicólogo & Psicoanalista. Atiende su Clínica Privada en la Torre Médica de Momentum Pinares, San José, Costa Rica.

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