El autor plantea una reflexión a partir de los diferentes “paisajes” tanto en las prácticas psi, como en las creencias con las que se acercan a ellas los pacientes.

Aunque la “vieja razón” nos indique que deberíamos conocer las diferencias de quehacer entre psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas, los sujetos reales y los medios de comunicación se empeñan en mostrarnos decenas de posibilidades de prácticas “Psi”.

Existen muchas versiones de los psicólogos según los pacientes, acerca de las diferentes prácticas bajo el denominador común de “terapia”, tantas como las muchas “capillas” que nos albergan.

Así es, como contamos con numerosas sociedades, escuelas, facultades, cursos, maestrías, pases y autorizaciones. Claro que a la hora de describir la intimidad del consultorio podemos escuchar lo que dicen los pacientes:

  • Que no les “damos pastillas”;
  • Que se las damos;
  • Que somos fríos y callados;
  • Que nos activamos y dirigimos;
  • Que damos o no damos “consejos”;
  • Que les hablamos del valor del “pensamiento positivo”;
  • Que equivocamos el nombre de sus hijos o de su tía;
  • Que simplemente “los acompañamos”;
  • Que los relajamos con ensueños de playas calientes de amor y paz;
  • Que les damos “deberes”;
  • Que finalizamos en lo mejor del relato;
  • Que hablamos “difícil”;
  • Que suministramos Flores de Bach.

Nosotros hablamos de Edipo, deseo, castración, fantasma, identificación, proyección y el resto de la jerga que se utilice. Ellos en cambio hablan de su demanda: respaldo, curación, alivio y/o mejora, soledad, etc.

Así, quienes vienen al consultorio tienen una “idea” o novela propia de la familia Psi, a saber, muchas veces les contaron, vieron una serie, hicieron “vidas pasadas”, o leyeron alguna revista u diario; otros cursaron psicología en la secundaria o facultad de económicas, donde por lo general se inviste al clínico de un poder que no posee, de un “supuesto saber”.

La realidad nos interpela:

“Los psicoanalistas tenemos que esforzarnos por trasmitir de la mejor manera posible a quienes no lo son, conceptos que han sido elaborados con nuestra jerga o, dicho en lacanés, con nuestra la “lalengua”. Lo que nos exige una labor de traducción muy compleja, difícil, pero que vale la pena y que por supuesto no escapará a la ley de “traduttore-traditore”. Lo que es insalvable, ya que el lenguaje por estructura, hace de todo lector u oyente un traductor, a menos que se comparta delirios como los de los fundamentalistas dentro del Islam, que suponen que hay textos como el Corán, que son no interpretables, que dicen unívocamente lo que dicen”. (1)

Y sobre la Psicología:

“El campo… está caracterizado por profundas divisiones entre escuelas alternativas, de modo tal que un consenso generalizado de trabajo no puede encontrarse en ninguna parte. Ambigüedades perennes pueden ser encontradas en la psicología como una licencia natural y humana. Por lo que nadie debería sorprenderse por la proliferación de alternativas radicales…”. (Van Rappard, 1997)

Objetaría esta última cita y a su autor si no fuera porque este concepto está expresado por autores de muy diferentes extracciones y ni el mismo Sigmund Freud pudo liberarse de la proliferación de “distintos psicoanálisis” que el del suyo propio. Su correspondencia personal con otros psicoanalistas lo confirma.

El motivo de este escrito es egoísta ya que quería aclarar paisajes que percibo y me pareció mejor escribir para fijarlo. Algunas diversidades son enriquecedoras y no me prestaré a juzgar. Tal vez algún otro lo haya planteado de alguna manera ya que nadie es original en tanto “somos hablados”.

Por Víctor J. Michelón – Realizar Consulta

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Notas

(1) Un psicoanalista y los medios masivos de comunicación http://sergiorodriguezpsicoanalista.blogspot.com.ar/search/label/Sigma

Fuente: Colaboraciones – ElSigma.


Dr. Carlos Bonilla Cortés

El Doctor Carlos Bonilla Cortés es Psicólogo & Psicoanalista. Atiende su Clínica Privada en la Torre Médica de Momentum Pinares, San José, Costa Rica.

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