Sobre el lidiar con la Inseguridad y la autoestima: Inferioridad y Capacidades

Consejos:

1. No busque ser el todo, esfuércese, pero coloque un limite al perfeccionismo,

2. No deposite la seguridad en el otro, aprenda a decidir usted,

3. Nadie podrá resolvernos nuestra vida por completo, usted tiene que resolverla, en ocasiones solo,

4. Descúbrase mediante la introspección, aunque esto pueda generar miedo y frustración, invierta en ello,

5. No busque la adaptación total, no se puede lograr por completo.

6. Asuma con responsabilidad su individualidad así como sus propias limitaciones.

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El “Otro” y la Inseguridad, ¿qué es?

Toda experiencia de sin-sentido podrá adquirir dimensiones traumatizantes y desencadenar angustia automática.

La función de amparo que cumplen diversos lugares, proporcionan una consistencia simbólica a las personas (que les hace sentir seguridad al Yo) por permitir y proporcionar un sentido. El Otro es el principal factor de inseguridad, por lo tanto de desamparo.

Y es el Otro quien realiza una demanda permanente sobre el consumo de objetos y actividades, produciendo un estado de satisfacción/insatisfacción constante. Así, se exige la presencia de un sujeto que siempre sea joven, saludable, on-line, consumiendo como fin de su vida, y siempre feliz, proponiendo un modelo identificatorio por excelencia, como lo es el supuesto “winner”.

La autoestima, o mejor dicho, auto-estimación, es como su propio nombre lo indica, la estima que uno se tiene a sí mismo. Hay personas que se estiman mucho, e incluso se estiman muy mal.

Una parte de nuestra autoestima es primaria, es decir, residuo de nuestro narcisismo infantil, mientras que otra parte, procede de la omnipotencia confirmada por la experiencia (cada vez que en la realidad se cumple nuestro ideal). Una tercera, proviene de ser correspondidos por nuestros objetos de amor.

La autoestimación guarda una íntima relación con el amor hacia uno mismo. En las relaciones, el no ser amado disminuye la autoestimación, y el serlo, la incrementa.

La dependencia al objeto amado disminuye la autoestimación: el enamorado es humilde. El que ama pierde, una parte de su narcisismo, y sólo puede compensarla siendo amado.

No obstante, se relaciona la inseguridad con la idea de tener una baja autoestima; sin embargo, el sentimiento de la inseguridad es más compleja y depende de más factores.

Y es que suponemos que la inseguridad y la vulnerabilidad podrán eliminarse si nos adaptamos a patrones sociales, sin embargo al hacerlo, nos sacrificamos nosotros mismos.

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¿Por qué dudamos de nosotros mismos?

El sentimiento se atribuye a tener una baja autoestima y por lo mismo, dudar de las propias capacidades y decisiones.

En un mundo pragmático, se nos exige más, y por tanto, no dudamos en exigirnos más a nosotros mismos, así contar con la certeza de que nuestros esfuerzos conducirán a obtener ciertos logros.

Si bien esto aplica en algunos ámbitos de producción a nivel laboral, como en una empresa, o en cálculos de ciencias exactas, resultará imposible en todos los demás ámbitos de la vida.

Limitaciones y vulnerabilidad

En esencia, las personas estamos limitadas, indeterminadas e incompletas: no podemos saberlo todo, no podemos decirlo todo, no podemos hacerlo todo, no podemos serlo todo. Estamos limitados en todos los sentidos.

Estas limitaciones normalmente se consideran un defecto a ser eliminado, sin embargo, lejos de ser un problema, son precisamente lo que nos permite descubrir nuestra propia identidad, amputar las limitaciones, sería entonces amputarnos a nosotros mismos.

Y es que los límites dan cuenta de dónde y hasta dónde llegamos, es decir, permiten delimitar quién sí somos y quién no somos, pues, de otra forma, si todos pudiéramos hacer lo mismo, ¿cómo nos diferenciaríamos los unos de los otros?

Como ejemplo de lo anterior, consideremos que nuestra piel limita nuestro cuerpo y contiene nuestros órganos. Si elimináramos el límite que ejerce, es decir, si nos “quitáramos” la piel ¡qué caos ocasionaríamos en nuestro cuerpo! Perderíamos nuestra forma, nuestros órganos no estarían acomodados y no podrían ejercer sus funciones adecuadamente, estaríamos expuestos a más enfermedades e infecciones, no tendríamos capacidad de movimiento y nuestro cuerpo dejaría de ser un vehículo para vivir la vida y desenvolvernos en el mundo.

Los límites nos permiten ser nosotros mismos, nos marcan aquello a lo que podemos acceder; sin embargo, al mismo tiempo, nos indican aquello a lo que no podemos acceder, esto es, nos revelan áreas de vulnerabilidad, a saber: toda una gama de situaciones frente a las cuales no podemos responder y nos hacen sentir inseguros.

Los Vínculos sociales

Reconocer nuestras propias vulnerabilidades en una cuestión grave, es difícil de aceptar, por ello nos escudamos en insistir en la falta de límites sin darnos cuenta que, con ello, también sacrificamos nuestra individualidad.

Sigmund Freud explica que conformamos una vida en sociedad precisamente para contrarrestar una vulnerabilidad individual. El tener limitaciones y ser frágiles nos preocupa, pues al vivir en comunidad, entonces confiamos en que podemos contar con el apoyo y la protección de los otros.

Por ejemplo, al inicio de nuestra vida, contamos con nuestros padres, quienes nos protegen, orientan y suplen nuestra la vulnerabilidad asegurando nuestro propio bienestar.

Conforme la vida avanza, aprenderemos que si seguimos las normas sociales y legales, contaremos con el apoyo y protección de la sociedad. Entonces depositamos nuestra seguridad en algo o alguien externo a nosotros, confiando en que podrá él o ella podrá resolver nuestros propios problemas, sólo si nos adecuamos a sus demandas.

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Individualidad

La fórmula anterior dará resultado durante un tiempo y en tanto se aplique a generalidades, pero resultará insuficiente cuando se trata de decisiones personales como, por ejemplo, la elección de una pareja, de un trabajo, de una formación profesional o del rumbo que deseamos dar a nuestra vida.

Es entonces cuando, acostumbrados a contar con la guía de alguien más, recurrimos a los demás en búsqueda de consejo y orientación, en búsqueda de respuestas. Queremos seguir lo que los demás nos aconsejen para, de esta forma, sentirnos seguros, protegidos; sin embargo, los consejos o puntos de vista de otras personas en muchas ocasiones nos resultan ajenos: y es que algo siempre falta, algo no está claro o algo no nos satisface.

Al tratar de explicar nuestro dilema y nuestro sentir, descubrimos que aun las cuestiones más insignificantes conducen a diversas interpretaciones y malos entendidos. Esto ocurre porque nuestro lenguaje es “equivoco” y no “unívoco”, a saber, cada expresión, cada palabra, puede ser entendida de muy diversas formas.

Pensemos por ejemplo, que cuando una persona relata haber pasado sus vacaciones en un lugar tranquilo, cada uno de sus oyentes imaginará un sitio distinto basado en su propia idea de tranquilidad: habrá quien piense que estuvo en la playa, habrá quien piense que fue al campo, habrá quien imagine que lo pasó en casa leyendo un buen libro, habrá quien suponga que asistió a un concierto y así habrá tantas interpretaciones como personas escuchen el relato.

Lo anterior sucede en todas las situaciones de la vida, y si bien en algunas el equívoco no tiene consecuencias importantes, en muchas otras sí las tendrá y ello nos provoca conflictos en ocasiones incluso graves.

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Miedo a la soledad e inseguridad

Descubrimos entonces nuestras diferencias. Nos damos cuenta de que sentimos y pensamos de una manera singular y que nuestra individualidad reclama la expresión de lo propio.

En ocasiones este descubrimiento, si bien nos conduce a una introspección y un reconocimiento de nosotros mismos, también genera cierta frustración.

Nos da miedo que, por ser diferentes, no seamos capaces de pertenecer a los grupos sociales, de contar con amigos o pareja, de formar parte de una comunidad o peor aún, sentimos que si no nos ajustamos a la visión de los otros, seremos rechazados.

Se apodera de nosotros el miedo a la soledad el cual se agrava si, como mencionamos antes, nuestra seguridad está depositada en nuestros vínculos con los demás. En este sentido, quedarnos solos es quedarnos desprotegidos.

Nuestra inseguridad tiene entonces dos aristas. La primera se refiere a la inseguridad frente a nuestras propias decisiones. Nos sentimos inseguros de cuál es la decisión que debemos tomar, pues creemos que debemos adaptarla a los deseos de los demás para ser aceptados y pertenecer al grupo.

La segunda se refiere a la pérdida de la protección que sentimos que recibimos de los demás si tomamos decisiones con las que otros no coincidan, y ello provoca su rechazo. Al quedar apartados de los demás, quedamos vulnerables, expuestos, y por tanto caemos en la inseguridad.

Nos debatimos entre ser nosotros mismos y buscar la manera de ser aceptados y amados por los demás. La elección no es fácil. En ocasiones resulta tentador “cambiar” la individualidad por la “aceptación” y protección de los demás, no obstante, aun cuando se renunciara a ser uno mismo, la adaptación total no sólo no es deseable, sino tampoco posible.

El descubrimiento de nuestras limitaciones, nuestra diferencia y nuestra individualidad nos pone frente a la responsabilidad de asumirnos a nosotros mismos y atrevernos a emprender nuestro propio camino, compartiendo con los demás y no dependiendo de los demás.

Video: Consejos para lidiar con la Inseguridad y la autoestima: Inferioridad y Capacidades


Fuente parafraseado: http://www.psicoanalisis-mexico.com/reflexiones/artsep11D.html, Lourdes Sanz.


Dr. Carlos Bonilla Cortés

El Doctor Carlos Bonilla Cortés es Psicólogo & Psicoanalista. Atiende su Clínica Privada en la Torre Médica de Momentum Pinares, San José, Costa Rica.

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